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Los grandes satélites de baja órbita pueden perturbar la astronomía

Hace tiempo que los astrónomos advierten de la repercusión en sus observaciones de las constelaciones de pequeños satélites en órbita terrestre baja, que pueden verse también afectadas por las de mayor tamaño, como el BlueWalker3, que ahora es uno de los objetos más brillantes del cielo nocturno.

BlueWalker 3 (BW3) es un prototipo de satélite de telecomunicaciones de gran tamaño (64 metros cuadrados) lanzado el año pasado y cuya presencia en la órbita terrestre baja ha eclipsado a todas las estrellas excepto las más brillantes, según un estudio internacional que publica hoy Nature.

Los astrónomos temen que, si no se mitigan los efectos, los grupos de satélites de gran tamaño puedan perturbar tanto la capacidad de observar las estrellas desde la Tierra como interferir con la radioastronomía.

Un estudio del Centro para la Protección del Cielo Oscuro y Silencioso de la Interferencia de Constelaciones de Satélites (CPS), con participación del Instituto Astrofísico de Canarias (IAC) ha hecho un seguimiento y evaluación detallada del impacto de BW3 sobre la astronomía.

La campaña internacional de observación incorporó datos de profesionales y aficionados de todo el mundo desde lugares de Chile, Estados Unidos, México, Nueva Zelanda, Países Bajos y Marruecos.

BW3 fue lanzado a la órbita terrestre baja el 10 de septiembre de 2022 por AST SpaceMobile, como prototipo de una constelación de más de cien satélites destinados a comunicaciones móviles. Las observaciones realizadas pocas semanas después mostraron que era de “los objetos más brillantes del cielo”, lo que supone un motivo de preocupación para los astrónomos.

Al documentar el brillo de BlueWalker 3 durante un periodo de 130 días, los datos muestran “un brusco aumento” coincidiendo con el despliegue completo del conjunto de antenas, que con 64 metros cuadrados es el mayor sistema de antenas comerciales jamás desplegado en órbita terrestre baja.

Además de las observaciones visibles, BW3 podría interferir con la radioastronomía, ya que utiliza longitudes de onda cercanas a las que observan los radiotelescopios.

Aunque algunos telescopios están ubicados dentro de zonas radio silenciosas designadas, las restricciones vigentes para preservar estas áreas solo se aplican a las transmisores terrestres, por lo que no necesariamente están protegidos de la transmisión por satélite.

El cielo nocturno es “un laboratorio único” que permite realizar experimentos que no pueden hacerse en laboratorios terrestres”, además de una parte importe del patrimonio cultural de la humanidad, recuerda Dave Clements, del Imperial College de Londres y uno de los firmantes del estudio.

Por ello, “es necesario seguir investigando para desarrollar estrategias que protejan a los telescopios actuales y futuros de los numerosos satélites cuyo lanzamiento está previsto para la próxima década”, agregó Mike Peel, de proyecto Sathub del CPS.

La Unión Astronómica Internacional y los socios del CPS reconocen que las nuevas constelaciones de satélites tienen un papel importante en la mejora de las comunicaciones mundiales.

Sin embargo, su interferencia con las observaciones astronómicas podría obstaculizar gravemente el progreso en nuestra comprensión del cosmos, señala el estudio.

Por ello, estiman que su despliegue debe realizarse teniendo debidamente en cuenta sus efectos secundarios y esforzándose por minimizar su impacto en la astronomía.

Las observaciones de BlueWalker 3 continuarán, y los astrónomos tienen previsto observar su emisión térmica a finales de este año.

Tomado de EFE

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