La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán se intensifica. Después de más de dos semanas de ataques cruzados, Washington y Jerusalén bombardearon este miércoles varias zonas de las instalaciones gasísticas de South Pars, ubicadas en el sur de Irán. Estas forman parte del mayor yacimiento de gas del mundo y son compartidas con Qatar. El Ejército iraní amenazó con atacar infraestructuras energéticas vinculadas a EEUU e Israel, mientras que el presidente de la nación persa Masud Pezeshkian advertía que los ataques a su infraestructura podrían acarrear "consecuencias incontrolables". Poco después Irán consumó su amenaza y atacó la principal refinería de gas natural licuado de Catar y un depósito de combustible para aviones en Arabia Saudí. Israel, por su parte, no cesó en sus ataques a Líbano, al tiempo que continúa descabezando al régimen iraní. El último en caer ha sido el ministro de Inteligencia, Ismail Jatib.
El bombardeo a la refinería de gas natural provocó varios incendios, que fueron contenidos "lo más rápido posible", según informó el gobernador de Asaluyeh, condado donde se ubican las instalaciones. No se registraron víctimas y todavía se desconoce si los ataques provocaron la suspensión de la producción o del suministro de gas. Tras los bombardeos, las Fuerzas Armadas iraníes amenazaron con atacar, "a la primera oportunidad" que se presente, infraestructuras de energía, gas y combustible relacionadas a Estados Unidos e Israel.
"Este tipo de acciones agresivas no supondrán ningún beneficio para el enemigo sionista estadounidense ni para sus aliados; al contrario, no harán más que agravar la situación y podrían desencadenar consecuencias incontrolables que acabarían afectando a todo el mundo", advirtió el presidente iraní, Masud Pezeshkian. El portavoz del Ministerio de Exteriores de Qatar tampoco tardó en pronunciarse: "Atacar la infraestructura energética constituye una amenaza para la seguridad energética mundial, así como para los pueblos de la región y su medio ambiente", aseveró el funcionario.
Más tarde Irán consumó su amenaza y lanzó ataques aéreos contra la refinería de Ras Laffan, en Catar, y contra un depósito de combustible usado para abastecer aviones estadounidenses situados en la base de Al-Kharj, en Arabia Saudí. El Gobierno catarí confirmó que el bombardeo provocó un incendio y "graves daños" en la infraestructura. Por el momento no se han registrado heridos. El ataque al depósito de combustible también provocó un incendio, según informaron las agencias Fars y Tasnim, vinculadas a la Guardia Revolucionaria iraní.



